martes, 16 de octubre de 2012

SI EL CHE VIVIERA

Por Orlando Aguirre, Candidato a Licenciado en Sociología por la Universidad Católica de Asunción. Colaborador de "El portavoz", semanario joven.

La izquierda paraguaya recibió una herida mortal a manos de una dirigencia dividida visceralmente, que lidera un ex obispo católico con dudoso apoyo popular en la actualidad. El Che Guevara en un discurso dado el 20 de octubre de 1962 en la celebración del segundo aniversario de la constitución de la Unión de Jóvenes Comunistas en Cuba había dicho:

Ernesto Guevara - Fernando Lugo. Foto de El Portavoz
Una de las tareas más gratas de un revolucionario es ir observando a través de los años de revolución como se van formando las instituciones que comenzaron a nacer al principio mismo de la Revolución, cómo se convierten en verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad entre las masas, aquellas organizaciones que empezaron en pequeñas escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones y se fueron transformando mediante el trabajo diario y el contacto con las masas en pujantes representantes del movimiento revolucionario de hoy” (Ernesto Che Guevara: Política e Ideología. Ediciones Políticas. Editorial de las Ciencias Sociales. La Habana. 1990)

Si el Che Guevara viviera en Paraguay en estos momentos, le diría esto mismo al Frente Guasú, en forma de enseñanza, luego del alejamiento de Mario Ferreiro como posible candidato de la coalición de izquierda, aunque a mi criterio, creo que antes lloraría por ver la causal de la ruptura del “movimiento revolucionario”, más aún se lamentaría por la calidad de “revolucionarios” del B-9 y B-10 de la coalición que son incapaces de pactar un proyecto común y anteponer las conversaciones por liderazgos. Al final, la “revolución” se hace de acuerdo a quién será el líder, sino no se hace.
En parte, lo descripto por el Che hace ya cincuenta años puede ubicarse como el anuncio de la conformación de una coalición de izquierda en Paraguay. La salvedad es que para dicho advenimiento de la coalición no fue necesaria una revolución armada como sucedió en Cuba, sino fue una victoria electoral, con objetivos de posicionar a una plataforma de izquierda en la política paraguaya para intentar dar continuidad a un proceso.

Los herederos ideológicos del Che en Paraguay no entendieron el mensaje, y han dado una herida de muerte a las pretensiones de darle continuidad a la izquierda.
Las intenciones del ex Presidente de la República Fernando Lugo de volver a aparecer en la escena electoral con la chapa del Frente Guasú y la emergencia de un candidato outsider (igual que Lugo) como el ex comunicador ha generado fricciones entre los dos grupos mayoritarios de la coalición de izquierda: Los encabezados por el Partido Popular Tekojojá (del Senador Sixto Pereira) y los del Partido por el Movimiento al Socialismo P-MAS (presidido por el ex titular de la SEN Camilo Soares). Estas fricciones que generaron rupturas por una chapa presidencial contradicen los mandatos de “San Ernesto de la Izquierda” como le diría el cantautor cubano Frank Delgado en su canción “Si el Che viviera”.

La institución (desde la lógica explicada por el Che Guevara en la cita) nace desde la iniciativa revolucionaria y es el objeto de mayor satisfacción para el subversivo. Nunca la institución puede debilitarse, porque si es así, la revolución no ha sido tal cosa, ha sido una mentira.

Para que las instituciones (sea el Estado o el Partido Político) tengan un peso en la escena, se debe comprender que la izquierda (o lo que se hace llamar de esa manera) no está construida en función a liderazgos hegemónicos, sino en función a proyectos colectivos de corto, mediano y largo plazo, independientemente a quien se establezca luego en el poder.

Por tanto, lo ocurrido el 9 de octubre, a cuarenta y cinco años de la muerte del Che en la Higuera (Bolivia), también se asestó una herida de muerte a la izquierda paraguaya que ahora está agonizando. El causal principal es un ex Obispo, con una evidente jugarreta de Dios para acabar con la amenaza del marxismo y un evidente bipartidismo colectivo (Grupo Tekojojá contra el Grupo P-MAS) que ayuda a desangrar las heridas de muerte.

Los cómplices son sus militantes, que contradicen al “mesías” histórico de la izquierda latinoamericana al seguir a un obispo y delirar con el poder. Asimismo, otros militantes siguen buscando un “mesías” fuera de los militantes de la izquierda, ya que dentro de las cuadrillas socialistas aún no hay mucho para liderar, porque la cultura del egocentrismo del liderazgo progresista jamás dejó la emergencia de construcción de nuevas caras.

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