Por Orlando Aguirre, Candidato a Licenciado en Sociología por la Universidad Católica de Asunción. Colaborador de "El portavoz", semanario joven.
La izquierda paraguaya recibió una herida mortal a manos de una
dirigencia dividida visceralmente, que lidera un ex obispo católico con
dudoso apoyo popular en la actualidad. El
Che Guevara en un discurso dado el 20 de octubre de 1962 en la
celebración del segundo aniversario de la constitución de la Unión de
Jóvenes Comunistas en Cuba había dicho:| Ernesto Guevara - Fernando Lugo. Foto de El Portavoz |
“Una
de las tareas más gratas de un revolucionario es ir observando a través
de los años de revolución como se van formando las instituciones que
comenzaron a nacer al principio mismo de la Revolución, cómo se
convierten en verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad
entre las masas, aquellas organizaciones que empezaron en pequeñas
escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones y se fueron
transformando mediante el trabajo diario y el contacto con las masas en
pujantes representantes del movimiento revolucionario de hoy” (Ernesto
Che Guevara: Política e Ideología. Ediciones Políticas. Editorial de las
Ciencias Sociales. La Habana. 1990)
Si
el Che Guevara viviera en Paraguay en estos momentos, le diría esto
mismo al Frente Guasú, en forma de enseñanza, luego del alejamiento de
Mario Ferreiro como posible candidato de la coalición de izquierda,
aunque a mi criterio, creo que antes lloraría por ver la causal de la
ruptura del “movimiento revolucionario”, más aún se lamentaría por la
calidad de “revolucionarios” del B-9 y B-10 de la coalición que son
incapaces de pactar un proyecto común y anteponer las conversaciones por
liderazgos. Al final, la “revolución” se hace de acuerdo a quién será
el líder, sino no se hace.
En
parte, lo descripto por el Che hace ya cincuenta años puede ubicarse
como el anuncio de la conformación de una coalición de izquierda en
Paraguay. La salvedad es que para dicho advenimiento de la coalición no
fue necesaria una revolución armada como sucedió en Cuba, sino fue una
victoria electoral, con objetivos de posicionar a una plataforma de
izquierda en la política paraguaya para intentar dar continuidad a un
proceso.
Los
herederos ideológicos del Che en Paraguay no entendieron el mensaje, y
han dado una herida de muerte a las pretensiones de darle continuidad a
la izquierda.
Las
intenciones del ex Presidente de la República Fernando Lugo de volver a
aparecer en la escena electoral con la chapa del Frente Guasú y la
emergencia de un candidato outsider (igual que Lugo) como el ex
comunicador ha generado fricciones entre los dos grupos mayoritarios de
la coalición de izquierda: Los encabezados por el Partido Popular
Tekojojá (del Senador Sixto Pereira) y los del Partido por el Movimiento
al Socialismo P-MAS (presidido por el ex titular de la SEN Camilo
Soares). Estas fricciones que generaron rupturas por una chapa
presidencial contradicen los mandatos de “San Ernesto de la Izquierda”
como le diría el cantautor cubano Frank Delgado en su canción “Si el Che
viviera”.
La institución
(desde la lógica explicada por el Che Guevara en la cita) nace desde la
iniciativa revolucionaria y es el objeto de mayor satisfacción para el
subversivo. Nunca la institución puede debilitarse, porque si es así, la
revolución no ha sido tal cosa, ha sido una mentira.
Para
que las instituciones (sea el Estado o el Partido Político) tengan un
peso en la escena, se debe comprender que la izquierda (o lo que se hace
llamar de esa manera) no está construida en función a liderazgos
hegemónicos, sino en función a proyectos colectivos de corto, mediano y
largo plazo, independientemente a quien se establezca luego en el poder.
Por
tanto, lo ocurrido el 9 de octubre, a cuarenta y cinco años de la
muerte del Che en la Higuera (Bolivia), también se asestó una herida de
muerte a la izquierda paraguaya que ahora está agonizando. El causal
principal es un ex Obispo, con una evidente jugarreta de Dios para
acabar con la amenaza del marxismo y un evidente bipartidismo colectivo
(Grupo Tekojojá contra el Grupo P-MAS) que ayuda a desangrar las heridas
de muerte.
Los
cómplices son sus militantes, que contradicen al “mesías” histórico de
la izquierda latinoamericana al seguir a un obispo y delirar con el
poder. Asimismo, otros militantes siguen buscando un “mesías” fuera de
los militantes de la izquierda, ya que dentro de las cuadrillas
socialistas aún no hay mucho para liderar, porque la cultura del
egocentrismo del liderazgo progresista jamás dejó la emergencia de
construcción de nuevas caras.







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